miércoles, 17 de septiembre de 2008

¿Qué medicina necesitamos?

En la Comarca Lagunera de los Estados de Coahuila y Durango, México, el 16 de Septiembre de 2008.

A la Sra. Sociedad Civil Internacional.
A la Sra. Sociedad Civil Mexicana.
A la Sra. Sociedad Civil Lagunera.

Estimadas Señoras,

Nos duele México.

¿Qué medicina necesitamos?

Tenemos ya puestas dos banditas en el corazón, pero no es suficiente. Hoy solo queremos hacerles saber a nuestros amigos de Morelia que nos duele su dolor y que juntos compartimos un solo dolor por nuestro país.

Ciudadanos, políticos, empresarios, periodistas, estudiantes, amas de casa, profesionistas, obreros, policías, bomberos, soldados. Este problema es de todos nosotros. ¿No sería más fácil si todos hiciéramos solo lo que tenemos que hacer?.

Todos tenemos una misión en este México lleno de retos. Los invitamos a que todos nos comprometamos no con este México, sino mejor, con el México que queremos dejarle a nuestros hijos y nietos. Si la justicia es dar a cada quien lo que le corresponde, hagamos, por justicia, cada quien lo que nos corresponde.

¡Todos Juntos Para Ser Alguien!
Colectivo Despierta
laguna.despierta@gmail.com
www.despiertalaguna.blogspot.com

martes, 2 de septiembre de 2008

¿Cuántos Méxicos hay que arreglar antes de que podamos arreglar a México?.

En la Comarca Lagunera de los Estados de Coahuila y Durango,
México, el 2 de Septiembre de 2008.

A la Sra. Sociedad Civil Internacional.
A la Sra. Sociedad Civil Mexicana.
A la Sra. Sociedad Civil Lagunera.


Estimadas Señoras,

Perdonen que nos hayamos demorado un poco en tener las conclusiones de nuestra primera aventura con Ustedes. No nos gusta poner excusas, pero es que a veces también tenemos que trabajar. Por eso conservamos nuestro anonimato, para que nuestros patrones no se enteren de que en lugar de trabajar en lo que nos piden, organizamos marchas, encendidos de velas y nos reunimos de manera clandestina por nuestra (tal vez) loca idea de que es posible un mundo mejor.

Y es que además pasó algo que no contemplábamos. Y es que hagan de cuenta que ya estaba reunido el Cole. Aquella mesa era una verdadera ebullición de ideas, comentarios, anécdotas de lo vivido aquella tarde del 22 y noche del 30. Alguno lamentaba nuestra falta de experiencia para evitar que la Iglesia Católica celebrara una misa al finalizar de la marcha. Otro decía que era imposible evitarlo, que hasta en carro de golf llegaron. Aquel decía que cometimos el error de no conseguirle carros de golf a todos los abuelitos y abuelitas que llegaron caminando o en silla de ruedas. El decía que la iniciativa privada es importante, pero que no esta bien organizada. Alguno que había encontrado falta de compromiso en algunas Instituciones (no en todas) que decían cosas como “los apoyamos, pero no nos mencionen”. Ella dijo que los medios pueden ser más valientes. Que era invaluable el apoyo recibido de varias organizaciones ciudadanas que están preocupadas por temas que a nosotros nos preocupan y que este movimiento nos encontró. Que lo mejor había sido la respuesta de la gente de a pie.

Que esto y que lo otro cuando oímos que alguien abría de golpe la puerta. Nos quedamos mudos, por que ya no esperábamos a nadie.

De memoria contamos quienes estaban y quien faltaba, éramos ya todo el Cole discutiendo.

Nadie quiso voltear a ver, congelados.

- ¡Quibo!- Nos dijo. Me dijeron que había una marcha…

Nos volvió el alma al cuerpo al oír la voz de nuestro amigo. Era Leobas, el señor de 13 años del que les platicamos en alguna posdata pasada.

Vengo llegando de Real de Catorce. Ya anduve por Torreón, Gómez, Lerdo, Mapimí, Francisco y Madero, Matamoros, San Pedro y no vi nada. - Nos dijo ya algo enojado.

Le explicamos que la Marcha había sido el 22. Que consideramos aceptable a secas el inicio del movimiento. Que era obvio que ya no iba a ver a nadie en las calles. El reprobó con la cabeza. De verdad quisimos que entendiera al Cole y a la indosincracia del mexicano. Le explicamos algo del Laberinto de la Soledad en el que vivimos, incluso se lo clarificamos con Doctrina Política y de Estado, le explicamos de Aristóteles y hasta del movimiento cubano. Nada parecía hacer que entendiera. Entonces reviró.

Los mexicanos y los laguneros tienen –nos dijo- el síndrome de la pulga. El Cole se quedó frío. ¿Como es eso? – preguntó el Cole al unísono.

Fácil –dijo Leobas de manera arrogante mientras pelaba una mandarina. Mete una pulga en un frasco y déjala que brinque hasta que se canse. Se va a dar chingazos en la cabeza hasta hartarse. Va quedar tan asustada, que nunca más va a brincar alto. Después sácala del frasquito, y la pulga va a dar saltitos medidos y controlados. Así se amaestran las pulgas, para dar saltitos chiquitos pudiendo dar brincos enormes. Así tienen 400 años amaestrando al mexicano. Yo ingenuo viaje desde Real de Catorce en mi brioso corcel, llamado Bruno Lagañas para continuar con la Épica Marcha en busca de buscarnos, pero ésta ya no estaba.

El Cole quedo pasmado. Un escalofrío recorrió los bien torneados cuerpos del Cole. Habían notado su calidad de pulgas. Pero al mismo tiempo el Cole supo que había mucho por hacer. Brincos más grandes que se podían dar. Entonces el Cole no tuvo más que decir y mucho más que pensar. La marcha continúa. El Cole está en marcha.

¡Todos Juntos Para Ser Alguien!

Colectivo Despierta
laguna.despierta@gmail.com
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Posdata única: Que habla de cómo el Cole conoce a Leobas Alvarez, a Bruno Lagañas y de las múltiples peripecias de ese encuentro.

Llegué y llegamos a la tierra sagrada de los huicholes. A la sierra del Catorce, ubicada en el altiplano mexicano. Llegué y llegamos vacíos, consumidos por la rutina de la vida corporativa en busca de buscarnos, queriendo respirar el aire que de tan lento parece que no se mueve y de tan rápido parece que te respira.

No nos encontramos a nosotros, pero encontramos a Leo. Un hombre de solo trece años, que llegó integrado a su caballo y abrió con su sonrisa las puertas de su casa. Nos ofreció el misticismo de un viaje que cruzaría las heridas de la Sierra del Catorce hasta conducirnos a la Wirikuta, el cerro sagrado de la última rama azteca. Aceptamos luego de las amables preguntas y de las obvias respuestas y como hombres de negocios en medio de los cerros, cerramos el trato sin mediar regate.

Leo bajó de su caballo (mejor conocido en el mundo equino como Bruno Lagañas), se acercó a nuestra fogata y le pedimos que nos acompañara a comer. Reacio acepto -es normal en hombres de negocios aceptar de esa manera las invitaciones-, pero al final se sentó y abrió latas y galletas. Comimos. Platicamos nosotros, como platican los hombres de más de veinte años y él platicó como un hombre sin edad.

En Real de Catorce ha pasado tanto tiempo que tal vez los años se cansaron de pasar y Leo en realidad es más viejo que nosotros. No sé.

El sol de medio día apenas calentaba el aire. Poco a poco, Leo fue tomando confianza y sus palabras salían cada vez con más naturalidad. Tanta que por momentos fueron aguas salientes de cascadas frescas. Bruno Lagañas veía la escena a unos metros, inmutable ante las ordenes de su jinete, quien incluso era menor que él. Bruno Lagañas cumplió ya 15 años, de los cuales 12 los ha vivido en Real de 14. Cuando es temporada de turistas, Bruno viaja 2 o tres veces al Cerro del Quemado, por lo que puede trabajar hasta 9 horas al día, caminando entre las piedras de los cerros. Leo camina los cerros también con él, mientras el turista recorre asombrado los caminos que caminan. Leo y Bruno de vez en vez, durante el camino se ven y así viéndose se platican. Se ríen secretamente cuando Bruno corre más de la cuenta sin avisar y el turista con su cara pálida y fría, palidece y se enfría aún más.

Son buenos amigos, como hermanos orgullosos. Leo no deja de decir que Bruno es el mejor caballo, mientras que Bruno no deja de enseñar sus dientes grandes y sucios cuando intenta sonreír al ver a Leo. Bruno camina lento y cansado, pero veloz y bravío a la vez.

Leo y Bruno pueden ganar en un buen día 300 pesos. Esto hablando del mejor “mejor” día. Los más días de temporada alta, tal vez sacan 200 pesos. El problema es que casi no hay temporada alta en Real de 14, que es un pueblo casi fantasma. La abuela de Leo vende gorditas cerca de la plaza para aprovechar a las visitas hambrientas. No se necesita ser un docto en Economía para saber que eso no completa para vivir. No se necesita ser un docto en Economía para saber que eso no completa para morir.

A la hora pactada viajamos cruzando el pueblo, la gente, los caminos empedrados y los de terracería, cruzamos puentes sin buenas expectativas y empezamos a caminar los cerros, las piedras y sus grietas. Junto a los caballos y las mulas que se unieron a Lagañas, el Cole viajo la expedición más osada de la que se tenga registro.

El Cole encontró una pregunta en el camino. La guardó. La pregunta le pasaba al mismísimo Lagañas y Leobas no tenía respuesta.

¿Cuántos Méxicos hay que arreglar antes de que podamos arreglar a México?.